Yo estudié la carrera de Docencia del Inglés como Lengua Extranjera, así es que sí tengo formación docente. Desde pequeña me gustó dar clases. Recuerdo que me gustaba formar grupitos de estudio en la secundaria y preparatoria, es decir, se me facilitaban algunas materias y cuando mis compañeros me pedían ayuda, pues simplemente les explicaba. A partir de entonces recuerdo haber decidido estudiar para maestra.
Posteriormente, entré a estudiar una carrera técnica, Secretariado Bilingüe, y ahí aprendí inglés. Aunque para ser más exacta estaba en tercero de secundaria cuando me decidí a ser maestra de inglés. Entré al CBTis porque me gustaba el inglés y cuando terminé la preparatoria yo ya estaba segura quería dedicarme a la docencia.
Mis primeras clases formales, aunque sin experiencia pues apenas había comenzado la carrera, las di en una secundaria pública. Mi tía me recomendó con la subdirectora, ya que una maestra había pedido permiso y pues yo sabía inglés, así es que acepté. Fue una experiencia grandiosa ya que cada cosa que aprendía nueva en la universidad, la ponía en práctica con mis alumnos de primer grado.
Después fueron dos años de práctica que tuvimos en la carrera. Ahí trabajé con adolescentes, jóvenes y adultos. Fue muy enriquecedor, pues teníamos a alumnos y maestros observando nuestra clase y evaluando nuestras actividades. Aprendí mucho ahí.
Un año antes de graduarme de la universidad, me dieron trabajo en el CBTis y desde entonces me siento como pez en el agua. He dado clases en universidad, secundaria, y unos meses en primaria y la verdad nada se compara, de acuerdo a mi experiencia, con la preparatoria. Es ahí donde reafirmé mi vocación. Para mí ha significado mi desarrollo profesional. Me identifico mucho con mis alumnas y, claro, con la escuela, pues yo egresé de ahí.
Tengo muchos motivos de satisfacción. Me motiva cuando veo la emoción de las alumnas al cantar o decir algunas palabras en inglés. También cuando me dicen que pudieron entender a algún extranjero cuando les habló en inglés; o que pudieron ayudar a alguien porque sabían inglés.
Reconozco que ha habido momentos en los que me he sentido frustrada pues no todas las alumnas responden igual y, más aún, hay algunas que se portan de manera grosera y simplemente no hacen lo que se les pide y, bueno, no quieren aprender inglés. Quizá me falte motivarlas más o desarrollar en ellas el gusto por el idioma. Lo que sí es cierto es que algunas de ellas regresan después y reconocen que si le hubieran puesto más empeño al estudio del idioma, habrían encontrado un mejor trabajo y simplemente no estarían pagando por aprenderlo ahora.
Bueno, sin duda, los salarios también suelen ser un motivo de insatisfacción, pues no siempre van de acuerdo con nuestra preparación sino que te lo llegan a reconocer hasta después de mucho tiempo.
Me dio gusto compartir con ustedes un poco de lo mucho que me gusta ser maestra. Gracias por su atención.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Los comentarios que haces acerca de tu historia profesional hacen que me identifique especialmente contigo.
ResponderEliminarPor otro lado, igual que tú, amo la docencia, aunque sea difícil y frustante siempre será alentador trabajar con jóvenes, tenemos mucho que aprender de ellos.
Hasta pronto